LA REPUBLICA OPINION Sábado 7 Diciembre / 1999

Mariano Ospina Pérez,

El Colombiano del Siglo XX

Por Guillermo Angulo Gómez

El transcurso del tiempo hace posible que se juzgue a los hombres con espíritu sereno y mas aún cuando han desaparecido del escenario que le sirvió de marco en su tránsito por la vida. Colombia ha sido pródiga en valores humanos formados casi todos en un medio sacudido por la tempestad, porque en el siglo pasado y en este siglo que termina los años de la guerra superan en mucho a los años de la paz.
Mariano Ospina Pérez era un hombre de temperamento tranquilo, que contrastaba con la beligerancia de las gentes de su época. Amaba el trabajo y conocía el país en que vivía, y por conocerlo imaginó y creó instituciones que han sido vitales para el pueblo colombiano.
Tenía el don de descifrar el porvenir y la paciencia suficiente para saber esperar. Cuando dialogaba en su modesto despacho, o en la intimidad de su cristiano hogar, brotaban de sus labios palabras claras y limpias, que dichas con el acento de su amada Antioquia tenían un sabor campechano que invitaba a la confianza y a la tranquilidad. Fue un hombre que en honor a su estirpe supo ser bondadoso con los humildes y prodigarse ante ellos, porque entendió que la grandeza radica en llegar al alma popular.

El hombre que pensó en Colombia

Misael Pastrana Borrero, quien fuera su leal amigo, y continuador de sus luchas políticas, describió con acierto el afecto de Ospina por el campo: "Muy joven arrancó con sus propias manos de las profundidades del subsuelo de los riscos antioqueños, la riqueza de sus minerales. Su vinculación a la tierra, fue permanente, y en medio de las casi diarias incomprensiones, ella le ofreció el remanso tranquilo de sus bondades, fue testigo personal de sus ilusiones, de las siembras y de las incertidumbres de las cosechas.
"Se confundió plenamente con el alma campesina; la entendía, se comunicaba con su angustia, conocía el pulso de sus ingentes ambiciones. De los títulos múltiples con que lo distinguieron los compatriotas, ninguno le llegaba tan cerca de sus sentimientos, que el de 'Presidente de los campesinos".
En la Cámara de Representantes y en el Senado de la República presentó proyectos de ley que dieron origen al Banco Agrícola Hipotecario y a la Caja Agraria. Como delegado de Antioquia al Congreso Cafetero de 1.927 fue factor determinante en la fundación de la Federación Nacional de Cafeteros, entidad a la que sirvió con desvelo y de la que fue gerente durante varios años.
Cuando Mariano Ospina Pérez llegó a la presidencia de la República, ya había sido agricultor, empresario, rector universitario, representante a la Cámara, senador de la República y ministro de Obras Públicas. Su nombre fue mencionado como candidato presidencial en 1.929 y 1.937.
Durante su presidencia se crearon los ministerios de Agricultura y Salud, el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales, Telecom, el Icetex, la Dirección de Aeronáutica Civil, la Siderúrgica de Paz del Río y el Instituto de Aprovechamiento de Aguas y Fomento Eléctrico.
Y también -porque Ospina tenía sentido de lo social- se expidió el Código Sustantivo de Trabajo para regular las relaciones entre patronos y trabajadores y se aprobó la ley electoral que puso fin a normas anacrónicas, origen de encarnadas disputas partidistas.

El 9 de Abril

Pocos colombianos recuerdan los trágicos sucesos del 9 de Abril de 1.948, cuando fue vilmente asesinado el caudillo liberal Jorge Eliecert Gaitán.
La revolución del 9 de Abril sorprendió a Ospina prácticamente solo. Lo acompañaban su dignísima esposa, doña Bertha Hernández, sus fieles ministros y un puñado de heroicos soldados. Carecía de medios de comunicación, no tenía un micrófono para dirigirse al país, ni existía por entonces la televisión, un recurso de los jefes de Estado para calmar el temporal, o, por lo menos, para demostrar que están vivos.
"Fue un ciclón de locura y pavura -dijo el eminente colombiano Luis López de Mesa-, de heroicidad de unos cuantos, de delincuencia incidental u oportunista en muchos otros, de dolor general inmenso y de ruptura insoldable de la historia moral del pueblo colombiano. Porque ante hubo hecatombes, hubo tragedias militares y políticas, catástrofes de la

naturaleza, errores y delitos, mas esta vez el colapso pleno.
"Cuarenta y ocho horas en que desapareció el Estado y se pudo ver cuan pavorosa es la anarquía total de la muchedumbre: vida, bienes, honra y afectos que se esfuman en el relámpago de un insulto, de un machetazo o de un galón de gasolina ardiente, dejando lo pasado desierto, estéril y vacío el porvenir. Es un quedarse repentinamente suspenso entre la nada y poder ser y la nada de haber sido. Por ventura de Colombia el Presidente de la República rescató con heroísmo moral los fueros del espíritu, patriotas clarividentes lo apoyaron con hechos insignes, que la historia nacional recoge agradecida, y el Ejército, superando sus recursos, momentáneamente débiles, honró la bandera y se honró a si mismo.
Al otro día del 9 de Abril de 1.948, el día mas largo de nuestra historia, cuando no se habían apagado las llamas de la revolución, el Presidente Ospina Pérez se dirigió a los colombianos en admirable discurso que siempre vale la pena recordar, cuando la patria esté en peligro.

Quiera Dios que el ejemplo de Ospina sea estímulo en momentos de tanta confusión, cuando el pueblo anhela una patria mejor, con el concurso de todos, sin amarguras, ni retaliaciones

"Los hombres y los pueblos fuertes y seguros de sí mismos no se abaten jamás ante el dolor ni capitulan ante la desgracia. Es el momento en que se recogen las fuerzas del espíritu, en que el temple de voluntad se muestra, en que las almas saben presentarse en lo que valen y deben presentarse en lo que son….Porque por lo que a mí me toca, os aseguro que cumpliré con mi deber hasta el último instante; nada me hará desistir, nada me hará flaquear, jamás retrocederé ante ningún peligro, ni vacilaré ante la más grave amenaza. Cuando hago un juramento comprometo la historia, y el país sabe que yo no traiciono la herencia de mi estirpe. Porque también oigo que mis antepasados me preguntan en estos momentos: seréis infiel a vuestros compromisos ? Seréis inferior a vuestro destino ? La banda de los Presidentes de Colombia, no está dignamente puesta sobre este pecho ? Y yo afirmo: Esta banda, que podría llevar cualquiera me mis compatriotas, no será manchada, no será ajada, no será rota mientras esté sobre mi pecho. Me sobrepondré a las circunstancias, y el término de mi propia vida será el límite de mis luchas en defensa del honor nacional…. cada día trae su propio afán, y el de hoy es un afán de pacificación, de serenidad y de vigoroso esfuerzo en pro de la reconstrucción nacional. Nada de amarguras ni de desalentador pesimismo. De pie sobre las ruinas yo creo en Colombia y tengo fe en vosotros".

El último viaje

Con la dignidad y el valor de los verdaderos caudillos, a los 84 años de edad y cuando ya había conocido la gloria, Mariano Ospina Pérez emprendió en el año de 1.976 su último viaje por Colombia con el ánimo de devolverle al conservatismo, el partido de sus nobles ancestros, la vigencia perdida.
En el mes de Enero inició su peregrinaje por el departamento del Tolima. Ya había recorrido las cordilleras antioqueñas y había pasado por el viejo Caldas, soportando los rigores del camino y el duro trajinar de la política.
En mi compañía, vio por última vez la llanura que hiciera próspera y fértil durante su mandato.
En la ilustre ciudad de Honda se despidió de su partido, luego de cumplir el especial deseo de conocer la casa en que naciera el señor expresidente Alfonso López Pumarejo,

colombiano ilustre e ilustre tolimense, que merece un sitio de honor en la historia, pues justo es reconocerle que le dio una nueva dimensión a la patria, modificando estructuras constitucionales y legales que si bien en su época tuvieron la oposición de mi partido, con el paso del tiempo y la morigeración de los espíritus fueron entendidos en su verdadera dimensión.
El Congreso de la República aprobó la ley 48 de 1.989 que honra la memoria del señor expresidente Mariano Ospina Pérez, y dispuso en el articulo cuarto:
"En el patio de armas de la Casa de Nariño (Presidencia de la República) el 25 de Noviembre de 1.991, fecha del centenario del natalicio del ilustre Presidente, se exaltará y honrará su memoria, y se colocará un busto de dicho caudillo, con una placa de mármol, con la siguiente inscripción: "El honorable Congreso de Colombia al Presidente de la República, doctor Mariano Ospina Pérez, héroe glorioso del 9 de Abril de 1.948, fecha en que salvó la patria y escribió para la historia una página de honor".
"Para la democracia colombiana, vale más un Presidente muerto que un Presidente fugitivo".
Han pasado 10 años y los gobiernos nacionales no han cumplido con el mandato del Congreso.
El expresidente Mariano Ospina Pérez dejó, poco antes de morir, un mensaje a su familia que leyó su confesor Monseñor Arturo Franco Arango durante la ceremonia religiosa en la iglesia de San Alfonso Maria de Ligorio.
Monseñor Arturo Franco Arango, quien presidió los oficios, leyó el corto mensaje con voz quebrada:
"Según la ley natural del las cosas y de las personas a todos se nos va llegando el último día. Creo en Dios y quiero vivir mi último día como cristiano, convencido de loo que significa el encuentro definitivo con El. Estoy tranquilo. Mi alma está llena de paz. Bendígame y dígale a Bertha que ella es el regalo más grande y más hermoso que Dios me dio en toda mi existencia. He confiado siempre en la Divina Providencia. He guardado una fidelidad inquebrantable a lo que ha sido para mí una verdadera vocación; el servicio al país es lo que cuenta ahora cuando lo veo amenazado por las fuerzas oscuras del ateísmo marxista y por eso no dudé un momento en salir a las plazas y a los campos del país a mover la conciencia de mis conciudadanos para que contribuyan todos a salvarla. No me importó que mi vida modesta y humilde se gastara, como se gastó, en cumplimiento de este deber sagrado. Bendígame Señor".
El breve recuento de las obras de Martiano Ospina Pérez, es suficiente para consagrarlo como uno de los más grandes servidores de la patria. Y lo relevante es que sus obras perduran el tiempo, y seguirán más allá de este siglo. Bien lo dijo Rafael Azula Barrera:
"Un pueblo por sí solo no puede marcarse un derrotero, ni cumplir una misión histórica si una selección de sus hombres no se encarga de conducirlo. Su fracaso o sus éxitos están determinados por la acción de unos pocos que son en definitiva, los que en el curso de los tiempos han labrado las grandezas o las miserias públicas. La masa es puro instinto, simple materia plástica, dispuesta a tomar, como la arcilla, la forma que una ambición estética, una inquietud fugaz o un sueño extravagante le impriman. Será proporcionada o monstruosa, ordenada o violenta, según la inspiración que trace sus rasgos. Por eso en el estudio de una nación es preciso analizar. Principalmente, la psicología de los que mandan para juzgar cumplidamente una época. Los grandes períodos de la historia no han sido otra cosa que el reflejo biográfico de una cuantas individualidades creadoras. Cuando ellas faltan se producen esos períodos de laxitud en que la masa, sin concierto ni guía, impregna de mediocridad el ambiente.
Quiera Dios que el ejemplo de Ospina sea estímulo en momentos de tanta confusión, cuando el pueblo anhela una patria mejor, con el concurso de todos, sin amarguras, ni retaliaciones.
Qué bueno fuera si los colombianos tuviésemos acendrada en el alma la misión de construir, y dejáramos de pensar que entre nosotros, todo está destruido.
Por voluntad de doña Bertha Hernández de Ospina, hablé en nombre de su familia en las exequias del señor expresidente Mariano Ospina Pérez.
No en vano terminé mi discurso citando las hermosas palabras de don Miguel de Unamuno:
"El hombre deja a la tierra unos huesos y al aire un nombre, un nombre en la memoria de la palabra creadora, en la historia, tejido de nombres, un nombre -si logra buena ventura- más duradero que los huesos, más que el bronce".